Una institución que estuvo a punto de desaparecer cuyas visitas han aumentado un 43% el año pasado
La poca altura de miras de los políticos locales fue la causa de que un centro del prestigio del Centro de Arte José Guerrero (Granada) estuviese a un tris de echar el cierre en el año 2010. Por aquel entonces, los poderes políticos quisieron condicionar la apertura del museo a la cesión de sus espacios para que expusieran artistas locales. Sin tener nada en contra de este tipo de iniciativas, que en muchos casos sirven para impulsar a los creadores más cercanos, en este caso la idea iba radicalmente en contra de los deseos del pintor, cuyo legado fue la piedra angular del centro.
Las instrucciones del pintor granadino a sus herederos no dejan lugar a confusión: estos donarían sesenta obras de Guerrero al patrimonio público, con la idea de crear un museo con un planteamiento universal. Afortunadamente, la cordura se impuso entonces y la idea del pintor continuó con su proyecto de universalidad. Resultado: en el año 2011, las visitas al Centro de Arte José Guerrero han subido un 43%, todo un hito en estos tiempos de crisis económica y cultural.



En el centro Barbican de Londres se han volcado los esfuerzos en descubrir al mundo no sólo una parte muy importante de la Historia del Arte Moderno, sino también una manera de ver y sentir la misma vida a través de la filosofía de la escuela de arte más famosa del mundo: la Bauhaus.
Artium: en latín, “de las artes”. Sin más. Un lugar donde tienen cabida muchas propuestas artísticas demasiado complejas, arriesgadas o desconocidas como para que los museos más prestigiosos se dignen en prestarles atención. De museo dedicado al “arte contemporáneo más desconocido” lo ha calificado su director, Daniel Castillejo, y bajo esta premisa el Artium de Vitoria ha conseguido cumplir sus diez primeros años de andadura.
Y no sólo se enorgullecen de robar trozos de obras de arte, sino que además las exponen. La galería londinense Carrol Fletcher es la sede de esta muestra, que unos califican de despropósito, otros de innovación y atrevimiento, y probablemente la galería en cuestión, de pelotazo. Porque los visitantes no dejan de acudir a ver este curioso montaje perpetrado por los artistas, que también responden al nombre colectivo de 0100101110101101. Dichos creadores, que se califican a sí mismos de net-artists y de provocadores, asumen sin problemas la autoría de los “robos”, que según ellos llevaron a cabo entre los años 1995 y 1997.









