Ante el ataque a dos de sus fotografías, el creador se declara “artista cristiano”
La polémica está servida. Una vez más, la expresión del desacuerdo ha atacado directamente al arte, como si las obras fueran las culpables de que su creador quiera expresar (libremente) su punto de vista al resto del mundo a través de su particular visión. Que Andrés Serrano es un artista polémico, es algo que no le cabe duda a nadie que conozca su producción artista. Pues bien: hace unos días, unos fanáticos atacaron a martillazos y cuchilladas dos de sus fotografías: Inmersión (Piss Christ, junto a estas líneas) y The Church - Soeur Jeanne Myriam. El motivo, una vez más, la religión. ¿O tal vez tengamos que llamarlo fanatismo?
Las obras forman parte de una exposición que puede contemplarse hasta el día 8 de mayo en Aviñón, bajo el nombre de “Creo en los Milagros”. En la misma muestra se exhiben obras de artistas de primer orden, como Cy Twombly, Kiefer o Barceló. Ante el ataque a sus obras, el creador neoyorquino de raíces centroamericanas se declaró “profundamente cristiano” y, por si fuera poco, dejó claro que le gustaría realizar una gran obra en el Vaticano. Lo que no sabemos es si Benedicto XVI estará de acuerdo…
La imagen Inmersión – Piss Christ muestra una imagen de cristo crucificado inmersa en un tanque de orina del artista
Lo cierto es que la exposición ya comenzó con mal pie. Ante su apertura, más de ochocientos manifestantes de ideología fundamentalista cristiana se concentraron ante el Centro de Arte Lambert de Aviñón para mostrar su desacuerdo con la muestra, algo perfectamente comprensible y tolerable. Pero de las palabras se pasó a los hechos, y en un momento dado tres personas amenazaron a los vigilantes del centro para acceder al interior y emprenderla a navajazos y golpes con las dos fotografías de Serrano. Desde luego, provocativas lo son: especialmente la imagen Inmersión – Piss Christ, que muestra una imagen de cristo
crucificado inmersa en un tanque de orina, que para más inri es del propio artista.
El mejor o peor gusto de la obra no es motivo para su destrucción. Por un lado, todos recordamos la polémica sobre las caricaturas de Mahoma con una bomba en el turbante (muchos fanáticos musulmanes amenazaron de muerte al ilustrador), y cómo los sectores fanáticos religiosos quitaron importancia al tema, y recordaron que la religión cristiana era ridiculizada y atacada constantemente sin que ellos pusieran el grito en el cielo. ¿Qué tendrán que decir ahora? Ya se sabe que parte de lo que el arte busca el arte es la reflexión a través de la provocación. En este caso, el artista no está en absoluto de acuerdo con las críticas y los ataques, y no cree que su obra sea una blasfemia: "Si una obra se convierte en algo demasiado legible, no es arte, es propaganda. Tomé un crucifijo porque es un objeto banal", han sido sus declaraciones. "Apelando a la sangre, la orina o las lágrimas, provoca reacciones. También es un modo de
recordar a todo el mundo el horror que pasó Cristo".
Siempre conviene profundizar en la obra de un artista antes de dar una opinión sobre ella
Las obras de Andrés Serrano se inscriben en muchas ocasiones en un mundo que enaltece a los fluidos corporales como algo sagrado, parte integrante del ser humano y, en ocasiones (como el semen o la sangre), fuente y origen de la vida. Lo cierto es que hay que profundizar en su obra antes de dar una opinión a la ligera, nos guste o no nos guste el resultado. Serrano ha ido más lejos en su defensa, y también ha dicho que estaría encantado de "trabajar en el Vaticano, hacer una gran obra religiosa en Roma, en las iglesias de la ciudad pontificia […]. Me gustaría que la Santa Sede comprenda que soy un artista profundamente cristiano de mi tiempo". No sabemos si en la Santa Sede le recibirán con los brazos abiertos o con el látigo que utilizó Jesús en el templo, pero lo que sí es cierto es que este ataque a sus obras ha puesto el nombre del artista en boca de todo el mundo del arte; y que quienes no conocían su obra ni su trayectoria ahora mismo están enterados a fondo. ¿Será que no hay mal que por bien no venga?














