¿Es la pasión por el arte un instinto innato del ser humano, desarrollado a lo largo de los siglos?
“Las páginas que siguen a continuación presentan una forma de observar el arte que se burla de la mayoría de los escritos críticos publicados en la actualidad”. Cuando ésta la primera frase de un libro, resulta prácticamente imposible dejar de seguir leyéndolo. Así encabeza el prólogo de su texto El Instinto del Arte (Ed. Paidós, 2010) el teórico neozelandés Denis Dutton, con la idea de derribar todo lo hasta ahora edificado sobre el campo teórico del arte y comenzar una nueva estructura. basada en la teoría de la evolución de Darwin.
Ya desde la primera página, el autor (fallecido en el año 2010) se pregunta si existe un instinto artístico; evidentemente, su libro está encaminado a demostrar que así es. ¿Por qué hay ciertas obras, determinados textos o algunas melodías que nos emocionan, aún teniendo nula formación en los distintos campos de la creación? El texto de Dutton fusiona dos disciplinas fascinantes, el arte y la ciencia evolutiva, en una obra con la cual se puede estar o no de acuerdo… Pero que levanta encendidas pasiones por igual.



Es conocido por sus diseños, pero gracias a 'Mariano Fortuny, arte ciencia y diseño' descubriremos a un creador multidisciplinar que a base de la experimentación se convirtió en un consumado artista. Fabricó colorantes y pigmentos; estampaba sus grabados en un tórculo; inventó su propio papel fotográfico; diseñó muebles, lámparas y las máquinas para imprimir los tejidos que confeccionaba; encuadernaba sus libros e ideó mucho más arte desvelado por una monografía escrita en 1980 por Guillermo de Osma.
Los cuatro conceptos son esenciales en la cultura oriental, y muy especialmente en la cultura china, en una de cuyas vertientes se centra la corriente del Tao. Porque el milenario país siempre ha difuminado las fronteras entre aspectos como el pensamiento, la filosofía, la vida cotidiana y la práctica artística con la idea de conseguir un todo armónico que rija nuestra existencia de la manera adecuada.
Lo que vemos en forma de lienzo plasmado, de serie fotográfica o de intrincada instalación es tan solo la tópica punta del iceberg en la obra de un artista. Previo a este definitivo escalón, tan falsamente espontáneo, existe un trabajo arduo que muchas veces es tan solo conocido por el creador, y con suerte (para ellos), por sus más cercanos. Este trabajo, que muchas veces contiene destellos de genialidad tan buenos e incluso mejores que la obra definitiva, queda presente en los cuadernos de artista: magníficas obras en sí que muchas veces se pierden en el proceloso mar del trabajo previo a la creación.








