Hay un momento de la historia de Cataluña y España que no se puede entender sin detenernos en el universo de Antoni Gaudí, el arquitecto más revolucionario de los últimos siglos y el que más creaciones tiene con la consideración de Patrimonio de la Humanidad. Para desmigar su personal mundo creativo, el Centro Cultural Blanquerna ha organizado una exposición, en cartel desde hace unas semanas, en la que el público madrileño podrá conocer el taller de innovación arquitectónica más sorprendente del siglo XX: la Cripta de la Colonia Güell, un laboratorio de ideas donde la creatividad del artista brota en toda su magnificencia dando lugar a nuevos planteamientos constructivos y formales que culminarían con su obra maestra, la Sagrada Familia.



Dibujos a tinta sobre papel interpretados por poesía. Éste es el último trabajo de la joven toledana Leticia Vera, una estudiante de la Universidad Complutense de Madrid, que ya comienza a atraer la atención de los críticos fascinados por una obra que describen como “original, diferente y polivalente”.
Los tiempos que corren han despertado la conciencia de grupo de diferentes sectores de la sociedad en ámbitos muy diversos: sindical, político y también cultural. Así, llevamos meses viendo como los artistas y gestores no dejan de debatir sobre su futuro o los museos reivindican su papel ante los recortes. Ahora son también los coleccionistas privados los que se han organizado para dar cobertura y crear herramientas para proteger su trabajo. Básicamente, por ahí van los tiros de 9915, la asociación nacida a finales de marzo que agrupa a once coleccionistas. En su papel, según han hecho público, será muy importante la formación. La mayoría de sus integrantes reconocen que son autodidactas y que ha sido la experiencia lo que les ha llevado a sobrellevar ciertas situaciones. De modo que quieren dar a las nuevas generaciones las herramientas para que desempeñen su trabajo de una forma más ágil y que no “pulan la colección del abuelo”, según comentaba Jaime Sordo, su presidente, en declaraciones a El Cultural.
No se trata de un capricho o una forma de matar el tiempo ahora que las arrugas crecen y las ofertas de trabajo son mínimas. La relación con la fotografía de la actriz estadounidense Jessica Lange viene de largo. En concreto de finales de los años 60, cuando recibió una beca para estudiar bellas artes en la Universidad de Minnesota. Allí empezó a cultivar una sensibilidad que al final terminaría siendo absorbida por el mundo del cine, cuando decidió marcharse a París a estudiar arte dramático y arrancar una carrera como actriz que le ha dado muchas alegrías y reconocimiento. Pero en los 90, Sam Sephard le regaló una cámara y ahí inició un trabajo que la ha llevado a exponer en diferentes museos de Estados Unidos o en el Centro Niemeyer de Avilés, donde presentó la muestra Unseen. Ahora, Lange muestra sus fotografías por primera vez Madrid. Se trata de una selección de imágenes recogidas a lo largo de sus 15 años de visitas a México.
Chema Madoz es uno de los nombres importantes de la fotografía española contemporánea. Un creador con una perspectiva singular, llena de humor y poesía, del mundo que nos rodea. Su leitmotiv siempre ha sido desvelar los significados y aspectos escondidos en los objetos de la vida cotidiana e indagar en las trampas de la visión. En Ars Combinatoria, la exposición que se puede ver desde hace unos días en el Auditorio de Galicia, realiza un recorrido por veinte años de trayectoria en los que invita a hacerse preguntas, admirar lo bonito de esos cachivaches con los que nos cruzamos cada día, ver su ironía o simplemente embobarse con sus juegos visuales. Se trata de una muestra que ha comisariado Oliva María Rubio, que permite ver los diferentes estadios por donde ha pasado su trabajo.