La Fundación Granell
¿Qué le pasaría por la cabeza a Eugenio Granell si levantará la cabeza para dar un paseo por el Pazo de Bendaña en pleno casco viejo compostelano? El que fuera su hogar y lo es ahora de la fundación que lleva su nombre se caracteriza desde hace más de una década por convertir el periodo estival en uno de los más agitados de su programación.
Algo que sin duda sería del agrado del genial pintor (y muchas otras cosas), considerado como el último de los surrealistas españoles. En la jornada del jueves se llevaron a cabo dos diferentes performances caracterizadas por su interactuación con el espacio expositivo y su propio contenido, lo que les dotó de una naturaleza integradora a base de diferentes géneros y soportes del arte contemporáneo.
Galicia, Brasil y Portugal
En la primera intervención, la descriptiva Una mirada marciana al arte contemporáneo, se reflexiona sobre la propia actividad artística desde diferentes puntos de vista: por un lado el del propio creador y su actuación; por el otro el del público invitado a participar. Las fronteras entre unos y otros se difuminan con la acción, despertando las dudas sobre la posición de los límites.
Eso por la parte que corresponde a la performance dirigida e interpretada por los portugueses Margarita Chambel y Nuno Oliveira. La segunda intervención corrió a cargo del brasileiro Márcio-André, cuya propuesta Suspensión invitaba a otros espacios y experiencias.
Estos no eran más que los terrenos frecuentados por el silencio y la palabra procesada como sonido a través de diferentes objetos, tanto electrónicos como artesanales. Unas ráfagas auditivas que lanzadas por Márcio-André recorrian la estructura del edificio rebotando en sus esquinas y llegando a los asistentes desde los más diversos rincones. Una manera de hacerles partícipes en una experiencia que desafía la clásica visita a un museo o la contemplación de una muestra artística.














