«La vida es algo maravilloso que baila, salta, vuela, ríe y pasa»
Érase una vez un niño obsesionado con poder fijar aquellos sucesos que le emocionaban día a día; un joven que deseaba poder mantener en un soporte físico los momentos de felicidad que jalonaban su vida; un hombre que buscaba la forma de captar el movimiento de bólidos y aeroplanos.
Jacques – Henri Lartigue (1894 – 1986) tuvo la suerte de poder acceder a las tecnologías de su época pero, si en algo fue afortunado es en el hecho de haber sentido curiosidad hacia el mundo que le rodeaba. Gracias a ese espíritu podemos observar hoy parte de la ingente colección de fotografías que hizo a lo largo de su vida, imágenes que son testimonio de la modernidad de una parte de la sociedad francesa de la época.
Realidad cotidiana
Se trata de su realidad cotidiana, de los habituales momentos de ocio que pasaba rodeado de los suyos, que son captados apoyándose en la accidentalidad. Su especialidad era lograr atrapar los movimientos en imágenes imperecederas: deportes como carreras de coches, tenis, ski…, personajes congelados en el aire al dar un salto o en el momento de zambullirse en el agua… Todo ello capturado con ese don de la oportunidad que le hacía estar cerca de todo lo que sucedía y, por supuesto, con unos encuadres escogidos con celeridad y mucha intuición.
En sus primeras obras se aprecia mejor la fuerza de la casualidad, del estar siempre presente y aguardando el momento; sin embargo, más adelante podemos observar, como otra de sus características, un mayor uso de la arquitectura como marco para alguno de sus retratos, quizás un poco menos espontáneos - cualidad que se mantiene a lo largo de toda su obra - pero no por ello menos bellos. En cualquier caso siempre destaca por el dominio del espacio y por el uso de las diagonales para imprimir mayor movimiento a las escenas capturadas con sus cámaras - hay fotografías como Bibi en mi coche nuevo donde el encuadre se antoja imposible aunque igualmente impactante. También podemos comprobar, una vez más y ya más avanzado el siglo XX, el voyeurismo del autor en esas fotografías en las que atrapa a elegantes mujeres paseando ataviadas con sus mejores galas.
El «yo» del autor
Con la exposición, organizada por CaixaForum Madrid y comisariada por Florian Rodari y Martine D´Astier de la Vigerie, podemos acceder a la poco conocida obra de Lartigue de una forma muy completa, ya que las más de 200 fotografías corresponden a sus diferentes etapas y temáticas. Se trata de una muestra guiada mediante paneles explicativos y cartelas que asumen el «yo» del autor. Gracias a los materiales propios del fotógrafo, como son las cámaras o los diarios y agendas que fue completando a lo largo de toda su vida - junto con las interesantes mirillas que permiten contemplar imágenes estereoscópicas y formar parte también de ese voyeurismo - , el espectador puede hacerse una idea de la personalidad de Jacques - Henri Lartigue, de qué era aquello que le hacía tener esa perspectiva ante la vida, siempre en busca de retener la felicidad, de construir una memoria de lo frágil y efímero. Mientras aún tenga sombra.
Créditos fotografías Lartigue: Mi prima Bichonnade (1905), Mientras aún tenga sombra (1980)














