Se trata del principio de la revolución creativa que lucha contra un enemigo definido ‘la crisis de la creatividad’. Del 25 al 31 de marzo, Barcelona se tomó en serio el activismo cultural. El arma que faltaba para acabar con la época de crisis. Una crisis que infecta todos los entornos…hasta el artístico
Escudos con fotografías con las que se acuden a las manifestaciones; ejércitos de payasos; ecoactivistas de tartazos; artistas de flamencos que cantan las cuarenta; colectivos anti-marcas; liberadores de espacios públicos; manifestantes artísticos…Se tratan de agitadores, activistas, que durante años han luchado contra sistemas establecidos que, puede, deberían desaparecer. Ellos mismos se hacen llamar así, pero aclaran que la única arma que utilizan para esta lucha es la creatividad.
Sin quererlo, coincidiendo con la huelga general del País, durante cinco días, del 25 al 31 de marzo, Barcelona presencia la revolución creativa que protagonizaron miles de activistas procedentes de numerosos países. Desde Nueva York, Alemania, Londres, Argentina e Inglaterra acudieron famosos agitadores para compartir cartel con los activistas sevillanos, catalanes e incluso colectivos multinacionales.
Ha sido el primer encuentro internacional en el que los grupos, conocidos por el mal nombre de agitadores, se reúnen por una causa común ‘acabar con el mal’. Llamaron a filas a los que están hartos de la crisis, de los recortes, de la corrupción política, de la injusticia social, a los que no se resignan, para trasladarles las estrategias con las que combaten la crisis que como un virus se extiende en todos los sectores de la sociedad.
Después de la primavera árabe y del verano de las acampadas. Tras un otoño más que caliente y un invierno lleno de recortes; llegan ahora estas jornadas internacionales de activismo creativo. Una caja de herramientas para enfrentar la crisis con creatividad
El mal se materializa de muchas formas. De ahí que se busquen muchas maneras para luchar contra él. Pero todas las variantes tienen un nexo en común, la creatividad. Con esta premisa comenzaron las jornadas ‘Cómo acabar con el Mal’ organizadas por Enmedio, un colectivo cultural de Barcelona cuya biografía se caracteriza por su talente provocativo y por su marcada acción de denuncia social.
Tras los cinco días en los que se llevaron a cabo talleres, conferencias y espectáculos, en los que los expertos activistas trasladaron sus conocimientos y herramientas de acción social para combatir la crisis, ‘Cómo acabar con el Mal’ continúa creciendo. En su portal anuncia un contador con las donaciones alcanzadas e indicando la cantidad deseada, así como numerosas formas para captar fondos- venta de chapas, camisetas, pegatinas…-, para que los donantes tengan una amplio abanico de posibilidades con las que colaborar. Necesitan de las donaciones y reclaman soldados para continuar desarrollando jornadas creativas 100% autogestionadas.
Acabar con el Mal no es tarea fácil. Es grande y poderoso, a veces sutil, huidizo, a veces torpe y evidente. Para terminar con él, hay que atacarlo por distintos flancos, con la imagen, la palabra, la acción
Pero, ¿Cómo comenzó esta revolución? Los antecedentes del movimiento acontecieron durante la manifestación contra el Banco Mundial en 2001, cuando un grupo de desobediencia no violenta, Las Agencias y Los Invisibles, se manifestaron con escudos llenos de fotografías de denuncia social; cuando un grupo de gente- The Clandestine Insurgent Rebel Clown Army- decidió vestirse de payaso para enfrentarse a la carga policial con humor y burla durante las manifestaciones contra la Guerra de Irak en 2003; también cuando la banda ecoactivista Biotic Baking Brigade decidió demostrar su descontento a tartazo limpio contra políticos o magnates como el ultraliberal Milton Friedman, el director de la Chevron Kenneth Derr, e incluso el mismísimo Bill Gates, o cuando el grupo argentino de arte callejero GAC se creó en 1997 con la idea apropiarse de los espacios públicos.
Jornadas gratis ofrecidas a “los que están hartos de tanto recorte social, y a todo aquél que sufre esta crisis a diario y no se resigna”
A estos y muchos otros activistas que utilizan la creatividad como arma convocó Enmedio para que formasen parte del que ya es el primer encuentro internacional de ‘Cómo acabar con el Mal’. Jornadas gratis ofrecidas a “los que están hartos de tanto recorte social, y a todo aquél que sufre esta crisis a diario y no se resigna” con las que se enseñan nuevos modos de intervención social, nuevos modelos de protesta y nuevas herramientas creativas para la acción directa en la calle y en la Red.
Entre el Antic Teatre, la Ciutat Vella y la Sala Adriantic de Barcelona
El centro de reuniones fue el Antic Teatre de Barcelona. Desde sus salas, durante cinco días, colectivos y participantes ocuparon la Ciutat Vella, y la Sala Adriantic, en el barrio de La Pau, para poner en práctica las lecciones aprendidas. Se trataron de clases magistrales impartidas por representantes locales e internacionales del activismo creativo más sonado y efectivo de los últimos años, como son: Not an alternative!, de Nueva York, que desde hace más de una década hacen intervenciones simbólicas en el espacio público para denunciar, por ejemplo, los perniciosos efectos de las ciudades-marca sobre algunos de sus habitantes; el londinense John Jordan, miembro de Reclaim the Streets, el colectivo que en la década de 1990 era capaz de cortar los accesos a Londres el 1 de agosto, y convocar masivamente a la gente para disfrutar de los espacios convertirlos en una playa, bar, discoteca, para reivindicar la pacificación del espacio público; los alemanes A.F.R.I.K.A Gruppe, los autores del Manual de Guerrilla de la Comunicación; Biotic Baking Brigade, ecoactivistas famosos por estampar tartas de nata a directivos de multinacionales; los argentinos GAG; los sevillanos Flo6x8, un colectivo activista-artístico-situacionista-performático-folklórico-no violento, que canta las cuarenta a lo flamenco a las entidades bancarias; Mermetro de Barcelona; Not an Alternative! de Nueva York; la multinacional en contra del consumo Yomango, y Stephen Duncombe, autor de 'Dream: Re-Imagining Progressive Politics in an Age of Fantasy, y Cultural Resistance Reader', entre otros.
A través de sus experiencias, presentaciones de proyectos y la expresión de la imagen, la palabra y la acción, los participantes, soldados hartos, aprendieron lecciones de activismo, como fueron, por ejemplo: maneras para formar las guerrillas de comunicación; cómo acabar con el mal a tartazos; tácticas creativas para ocupar Wall Street o como participar en una Red Social para acabar con los abusos en el precio del transporte público. De este encuentro han surgido superhéroes contra el mal, pociones para acabar con el mal, pegatinas y chapas anti malicia, entre otras iniciativas más activas y más revolucionarias.
La primera edición de ‘Cómo acabar con el Mal’ finalizó el 31 de marzo sin incidentes y con poca repercusión en los medios de comunicación. Pero, puede que esta primera convocatoriasea el preludio de una nueva forma de hacer revolución, ya que Enmedio, la organización precursora, está avisando “remarcar que estos cinco días son tan sólo el principio del fin; el pistoletazo de salida para un proceso que comenzará aquí y que terminará con el Mal. Pasándonoslo muy bien, eso sí”. Por el momento, sigue ganando donantes y personas que se donan.













